lunes, 31 de marzo de 2008

LA FIGURA DE MOISÉS

LA FIGURA DE MOISÉS

1. CONTENIDOS

Significado de Moisés.

Moisés es una figura clave dentro de la historia religiosa y política
de Israel. Es importante también para los cristianos y musulmanes.
Su vida y su obra parece que han de situarse en la época de la dinastía
egipcia XVIII, reinando Ramsés II (1300-1200 a.C.).

– 1. Moisés en la Biblia. Según el libro del Éxodo, Moisés nació en
Egipto entre los esclavos exiliados pertenecientes a la tribu de Leví.
Debería haber muerto como consecuencia del decreto genocida del
faraón que ordenaba la muerte de los varones israelitas (Exodo
1,22). Confiado a las aguas del Nilo por su madre, fue recogido por
una hermana del Faraón que lo educó (Éxodo 2). Educado en la corte
egipcia, fue obligado a exiliarse a Madián tras matar a un egipcio,
que maltrataba a unos israelitas. Entonces encontró a Dios en el desierto
y se convirtió en el caudillo de «los hijos de Israel». Descendió
a Egipto y tuvo que obligar al Faráon mediante diez plagas prodigiosas
a dejar marchar a su pueblo. Especialmente la décima plaga se
conmemora en el Judaísmo como origen de la fiesta de la Pascua.
Después del paso milagroso del Mar Rojo (Éxodo 14-15) condujo a
Israel durante 40 años por el desierto (Éxodo 16), y asumió la función
legal para todo el pueblo (Éxodo 18). En el Sinaí, Dios se reveló de
nuevo a Moisés, hizo una alianza con el pueblo y trazó una norma de
conducta con los Diez Mandamientos, así como un código de leyes
destinado a regir la vida del pueblo (Éxodo 20-32). La falta de fe del
pueblo, manifestada en particular con la adoración del becerro de oro
malograría la entrada de Moisés, y de la generación liberada, en la
tierra de Canaán.

– 2. Moisés y la historia. Resulta muy difícil recuperar la fisonomía
histórica de Moisés bajo el aluvión de tradiciones preocupadas de celebrar
las maravillas que Dios realizó por su medio. El prestigio alcanzado
por Moisés influyó sin duda en el relato de su nacimiento, composición
popular del género «nacimiento del héroe». Cada una de las
fuentes del Pentateuco aporta su propio toque al retrato bíblico de
Moisés, relatando la obra que Dios realizó por su medio de Egipto al
Jordán. Es legítimo conjeturar que Moisés fue uno de los semitas formados
para la política asiática por los faraones, el cual logró liberar a
sus hermanos de Egipto y organizarlo en el desierto como «pueblo»
con un solo Dios, un solo culto y una sola Ley, núcleo del futuro Israel.

– 3. Moisés es la figura central del judaísmo rabínico como fundador
y legislador y como el primero y más grande de los profetas. De
acuerdo con los rabinos, todo el Pentateuco fue dictado por Dios a
Moisés, «nuestro maestro», quien lo puso por escrito. Existe en la literatura
rabínica una tensión entre el maestro a quien Dios se dirigió
«cara a cara» y el temor a adscribir cualquier divinización a Moisés.
Se le describe como un rey o el máximo estadista, cuya sabiduría es
la máxima posible: «en el mundo fueron creados cincuenta niveles
de sabiduría y todas menos una le fueron concedidas a Moisés» (Zohar).
Su carácter profético es superior al del resto de profetas: «el
resto de profetas vio a través de un espejo empañado, pero Moisés
vio a través de un espejo bruñido» (Levítico Rabbah 1,14). Según la
interpretación del Talmud recibió también la ley oral, además de la
Torá o ley escrita. Esta ley oral fue consignada posteriormente (s.II
a.C.-II d.C) por escrito en la Mishná, la Tosefta y los Baraitot.

– 4. Para los cristianos Moisés es hombre de fe y, como mediador
de la ley, figura de Cristo –«que vino no a destruir la ley sino a perfeccionarla
» (Mateo 5,17)–, en cuanto prepara su camino (Juan 5,39-47;
Hechos 3,22). Es el profeta que anuncia a Jesús (Lucas 24,27-44) y
el testigo, junto con Elías, de la Transfiguración (Mateo 17,1-8).
– 5. El Corán menciona a menudo a Moisés con el nombre de Musa,
al que añade al epíteto «Dios le habló» (a partir de la zarza ardiente).
Es un «mensajero divino» que trae una nueva revelación (el
judaísmo y la ley mosaíca), más que un simple «profeta» que profetiza
en los límites de una religión ya existente (Corán 4,164). En el Corán
se narra extensamente la historia de Moisés, aunque con divergencias
respecto al relato bíblico. Se le describe como tratado de hechizado
(Corán 17,101-104) ante la incredulidad de su pueblo (Corán
4,153-154) y se presentan sus «nueve» milagrosos signos (Corán
Los fundadores de las religiones y los libros sagrados
17,101). Uno de los signos es la «mano blanca» que sacó de su seno
en presencia del Faráon (Corán 7,104) para significar que su acción
en el mundo se ha vuelto sagrada. Se le describe también con un defecto
de pronunciación del que pide librarse a Dios para que su palabra
pudiera ser comprendida. Le considera, por último, unido a Abrahán,
como precursor de Mahoma, y sus enseñanzas las confirma el
texto sagrado del islam (Corán 11,17).

2. ACTIVIDADES
– Hacer un comentario sobre el Moisés de Miguel Angel.
– Leer los fragmentos anteriores y elaborar una redacción que
destaque el proyecto de Moisés.
– Comparar la figura de Moisés con la de Jesús y la de Mahoma.

EL JUDAISMO

EL JUDAÍSMO

1. CONTENIDOS

El término.
La palabra «judaísmo» raramente se aplica a un individuo; tomada
ampliamente, la palabra designa no sólo una religión sino
«una forma de vida, de fe y de culto» del pueblo judío de todos los
tiempos, desde los Patriarcas y Profetas. En un sentido más estricto
comprende la fe judía tal como se desarrolló tras el exilio de Ba-
bilonia (s.XV a.C) y se compiló en los dos primeros siglos d.C.
Con el regreso del escriba Esdrás de Babilonia a Jerusalén, a
lomos de una caravana, el escriba conocedor y comentarista de la
Ley reemplaza a la figura tormentosa del profeta.

La historia

I. La religión que introduce Esdrás hace hincapié en estos elementos:

1) La trascendencia absoluta de Dios: Debido a ello se explican
los antropomorfismos de la Biblia: no es Dios quien pasea al atardecer
por el jardín de Edén sino su «palabra» (memrah, según el Targum
o traducción al arameo de la Biblia), es a esta «palabra», no a
Dios, a quien Moisés llama «fuego devorador» (Dt 4,24). Hacia el siglo
III a.C. el nombre «Yahveh» se consideró prohibido de pronunciar
por labios humanos. La presencia de Dios (ekinah) junto al pueblo
elegido, Israel, fue el término usado por los rabinos para explicar la
presencia y morada de Dios entre sus criaturas.

2) El pueblo elegido: Israel vive cada vez más aislado del resto de
los pueblos. Algunos libros «apócrifos» consideran que el mundo fue
creado «por causa de Israel» (Asunción de Moisés 12), y una leyenda
judía (Talmud, `Abodah Zarah, 2b) considera que la Ley (Torah)
fue aceptada por el pueblo elegido cuando el resto de las naciones la
rechazaron.

3) Importancia de la Ley: La Torah abarca en primer término el
Pentateuco y, con Esdras todo el Antiguo Testamento. Además abrazará
en siglos posteriores todas las tradiciones, escritas y «orales»;
estas últimas contienen las leyes normativas y tradiciones talmúdicas
u orales (puestas por escrito en el Talmud, a finales del siglo II d.C).

4) La idea de conversión y la esperanza: «Volved a mí y seréis
salvos» había gritado el profeta en nombre de Dios (Is 45,22). La
voz profética anunciaba asímismo un «día de venganza» en que
Dios aplastaría a las naciones. Esta doble actitud se vuelve a acentuar
en la Literatura apocalíptica. Unas visiones aseguran que todos
los «paganos» se convertirán en justos, alabarán al Dios único
y compartirán las bendiciones mesiánicas futuras (I Enoch 10,21).
Aunque Israel se aísla de los otros pueblos tiene, a su pesar, que
convivir con ellos en una emigración a muchas tierras que creó una
«diáspora» judía; las comunidades se reunían en edificios religiosos,
«sinagogas», que paradójicamente, eran centros de proselitismo religioso
entre los gentiles. En estos momentos, la esperanza de Israel
en los acontecimientos finales de la historia transmite optimismo a
sus fieles. Especialmente se piensa en la repetición de acontecimientos
pasados: un «nuevo Éxodo», otro «David», un «Sumo Sacerdote
» que colme de bendiciones al pueblo. En los siglos anteriores al
nacimiento de Cristo la esperanza en la resurrección de los muertos
y una inmortalidad dichosa arraigó en multitud de corazones.

II. Los maestros y dirigentes: Sin embargo, estos rasgos no surgieron
al mismo tiempo ni fueron universalmente aceptados. En realidad
el Judaísmo del tiempo de Jesucristo fue muy variopinto y lleno
de desasosiego.
– Los saduceos consistían en los «sacerdotes» y notables del
pueblo, defensores del status quo con los romanos, para quienes el
mundo futuro tenía poco interés (Mc 12,18-19). En cambio, favorecían
una rígida jurisprudencia y autosuficiencia (Flavio Josefo, Ant.
Jud. 13,5,9)
– Los fariseos eran los hombres de la «perfección ritual» herederos
de los Asídeos que, en las revueltas de los Macabeos, se distinguieron
por su devoción a la Ley (1 Mc 2,42). Su nombre significa
«separados» y, en efecto, se distanciaban de las masas que no observaban
todos los preceptos de pureza ritual. A pesar de este carácter
escrupuloso, los fariseos adaptaron la Ley a las circunstancias
cambiantes y la interpretaron según dos escuelas: una más rígida
(de Shammai), otra más compasiva (de Hillel). Estos fariseos eran en
su mayoría maestros y predicadores de las sinagogas por lo que su
influencia fue decisiva.
Muchos fariseos servían a Dios con auténtica devoción e incluso
con espíritu sincero (Jn 3,1; Hc 5,34; 23,6). Cuando los evangelios
acusan a los fariseo de hipocresía, debe entenderse como «lenguaje
profético» no como negación entera del movimiento
- Los esenios deliberadamente se encontraban en la periferia del
judaísmo. Como los fariseos, sus orígenes remontan a los antiguos
Asideos (1 Mc 2,42). Hay quien los identifica con las «gentes de
Qumrán», aunque probablemente su nombre genérico alude a grupos
afines dedicados a una vida ascética. Los monjes de Qumrán,
retirados al desierto, llevaban una vida de obediencia, pobreza y castidad;
estudio en común, plegaria en comunidad y comidas en refectorio
y sumisión a la Ley, según una norma. Tampoco tenían trato con
la gente común a la que consideraban impura y consideraban a los
fariseos «predicadores de falsedad» y buscadores de vida muelle» (1
Q 2,32). La secta influyó considerablemente sobre la primera Iglesia
cristiana y tuvo un fin súbito a manos de los romanos.
– Los zelotas fueron otro grupo periférico, «celosos de Dios y su
gloria» (Hc 22,3), pero entendida de forma militante. Su credo era
«sólo Dios es Señor» y su grito de batalla «libertad». Nadie en Israel
debía obedecer al emperador romano que se arrogaba un homenaje
sólo a Dios debido.
Los zelotas mantenían sus convicciones por medio de la violencia,
y no dudaban en apuñalar a sus oponentes romanos o a colaboradores
judíos (Josefo, Bell. Jud. 2,253-254; Jn 18,40; Mt 27,28,44). Su
celo contra los romanos fermentaba en la «guerra santa» del pueblo.
El último procurador romano, Floro, había vaciado el tesoro del Templo,
probablemente para equilibrar un déficit de impuestos. Ello provocó
una revuelta (66 d.C) que llevó al desastre (destrucción del
Templo); la última revuelta de Bar Kochba (132-135 d.C) costó a los
judíos el último vestigio de autonomía política.

III. El Judaísmo rabínico supone, a partir de esta época, la victoria
de la facción farisaica sobre las restantes y la expulsión del seno de
la comunidad de las corrientes que no se identificaban (judeo-cristianismo).
Con ello, pasa el monopolio de la interpretación bíblica a los
fariseos y al consejo de los rabinos («Gran sanhedrín»). Su labor, en
las academias de Yabne (Palestina) y Babilonia fue inmensa, pues
compilaron todas las tradiciones legales en un libro la Mishná, obra
de consulta en todas las academias de estudios. Los comentarios y
exposiciones a esta obra dieron lugar a un tratado voluminoso llamado
el Talmud, básicamente legal, pero con tradiciones y reflexiones
espirituales.

IV. En la Edad Media el judaísmo tuvo gran influencia en la con-
figuración del pensamiento occidental, como transmisores de la ciencia
griega e intermediarios de los árabes. En la Península Ibérica florecieron
pensadores y sabios, como el cordobés Moisés ben Maim_n
(Maimónides, 1135-1204), el maestro principal del pensamiento escolástico
judío, quien resumió la fe en trece principios, como «fe en la
existencia de un creador y de una providencia», «fe en que Moisés
es el más grande de los profetas», «fe en la naturaleza inmutable de
la ley revelada». También en España, llamada Sefarad, se redactaron
los libros más importantes de la Cábala clásica, como el Zohar.

V. En la Edad Moderna, el Judaísmo se halla dividido en diferentes
movimientos:
A las escuelas rabínicas tradicionales y las diferentes ramas como
los askenazim (nordeuropeos) y sefardíes (hispanos) se deben
añadir nuevas corrientes, como la llamada haskalá o ilustración judía,
fundada por M.Mendelsohn (1729-1786). El judaísmo «emancipado»
o «ilustrado» que buscó salir, en el siglo XVIII, de los ghettos en que
vivían las comunidades judías europeas. A finales del siglo pasado
surgió el sionismo, como corriente utópica y socialista que buscaba
el retorno a Israel de las comunidades laicas perseguidas de Europa.
Además de las agrupaciones culturales hallamos varias ramas religiosas:
– El judaísmo ortodoxo se considera a sí mismo como el verdadero,
el único fundado en la Torá: los diez mandamientos, la observancia
del sábado y papel importante del rabino en la vida de la comunidad.
Políticamente apoyan el retorno a Israel como Estado religioso.
Los ultraortodoxos tienen una espiritualidad mística de contacto
con la naturaleza (hasídica) y vivir fuera de la historia, visten levitas
negras del s. XVIII y trajes rusos, desean la vuelta al antiguo
Templo de Jerusalén como preparación a la vuelta de un mesía personal
y propugnan la influencia de la ley judía en todos los aspectos
de la vida.
– El judaísmo «reformado» permite leer la Biblia en las sinagogas
en la lengua del país, acentúa la igualdad religiosa del hombre y
la mujer y rechaza del Judaísmo lo contrario a los puntos de vista y
costumbres modernas.
– El «judaísmo conservador» pretende que todo cambio se ha-
ga en armonía con el patrimonio anterior y pone el acento sobre el
pueblo de Israel buscando relacionarse con el sionismo moderno.
Algunos de estos movimientos se unieron en «plataformas» sociales
que afirmaban, entre otras cosas, la obligación de todo el mundo
judío de «ayudar a la construcción de una patria judía..., un puerto de
refugio para los oprimidos y un centro de vida y cultura judía», sobre
todo ante el impacto del holocausto (Shoar) en la Segunda Guerra
Mundial, cuya sensación de injusticia hizo clamar a un pensador si es
posible hablar de Dios después de Auschwitz. No en vano la esencia
de la fe judía se encuentra en la «memoria». El semá, palabra que
significa «escucha» y «recuerda» es el nombre de tres pasajes de la
Biblia que todo devoto hebreo lee cada mañana y cada tarde: «Escucha,
Israel, el Señor, nuestro Dios no es más que uno. Amarás al Señor
tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.
Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria».

2. ACTIVIDADES

– Visita a una Sinagoga
– ¿Podrías indicar la ubicación del antiguo barrio judío de alguna
población cercana?
– ¿Tienes alguna opinión del judaísmo?
– ¿Qué significa para ti el Holocausto judío?